Que ver en Salamanca
Salamanca

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Que ver en Salamanca

Llamada "la pequeña Roma" porque está asentada sobre tres cerros, la ciudad se mira en el Tormes y muestra su lado más atractivo cuando, al atardecer, el sol se refleja en sus muros dorados. Poetas y escritores han escrito a y sobre la ciudad castellana algunas de las páginas más bellas de la literatura universal. La ciudad "hechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado", escribió Cervantes en su novela El licenciado Vidriera. Desde que en 1212 el rey Alfonso IX fundó el estudio general, después de una de la Universidades más antiguas de Europa, junto con la de París, Oxford y Bolonia, Salamanca ha sido punto de encuentro de pensadores, escritores y artistas de todas las épocas.

Designada ciudad europea durante 2002, el pasado histórico le ha hecho merecedora de este reconocimiento. Y no hay rincón en esta república de las letras que no evoque o no haya estado evocado en epopeyas novelescas. Larga es la lista de escritores y poetas de todas las épocas, como Luciano G. Egido (el cual en El cuarzo rojo de Salamanca traza una descripción magistral de la ciudad como escenario de su novela), pasando por Diego de Torres y Villarroel o Carmen Martín Gaite, los dos Salmantinos importantes.

Paso a paso, letra a letra

Desde el puente romano se contempla una magnifica vista de la ciudad. Este viaducto, que se remonta a los tiempos de Vespasiano, formaba parte de la calzada de la Plata que unía Mérida con Astorga. Bajo sus 26 arcos fluye silencioso el mismo río que fue el primer cobijo de Lázaro de Tormes y escenario de sus primeras incursiones. Como explica el mismo pillo en el relato de sus aventuras "el puente, está a la entrada de ella un animal de piedra que casi tiene forma de toro", un toro ibérico, representante del arte prerromano salmantino, de origen celta, contra el cual el becerro golpeó al pillo despertándolo "de la simpleza en que, como niño, dormido estaba". Puente y toro aparecen en el escudo de la ciudad. En la subida hacia la vieja catedral, a mano derecha se encuentra el huerto de Calisto y Melibea, escenario donde Fernando de Rojas situó el fatal desenlace de los enamorados de su novela la Celestina. Un poco más hacia adelante, siguiendo el camino hacia el convento de las Dueñas (fundado en 1419 y la iglesia de la cual fue fundada en 1533 en el más fino estilo plateresco), a la plaza de Carvajal, bajo el colegio con el mismo nombre, se encuentra la famosa cueva que ya Cervantes relató en sus entremeses. Según la creencia popular, que data de la Edad Media, allí se citaban adoradores del diablo y era común practicar esoterismo.

La fama de la gruta y su aterradora leyenda eran tales que hasta el poeta escocés Walter Scott aludía en un verso.

Caminando hacia arriba se alza la nueva Catedral, obra del siglo XII, una joya del arte románico y una de las más fieles a los cánones puros de ese estilo. La famosa torre del Gallo, con sus ventanas dobles y sus fuertes nervios rematan el conjunto arquitectónico. En este templo ya se enseñaban Cánones y Leyes antes que se fundara la Universidad. Según la tradición, los estudiantes que aprobaban organizaban una fiesta que duraba tres días; el que no tenía esa suerte, salía por la puerta de los carros y era vapuleado por sus compañeros.

La Universidad

Travesando la plaza Anaya, se llega a la nueva Catedral. Construida durante los siglos XVI, XVII y XVIII, es una de las últimas manifestaciones del gótico. La impresión que produce en el espectador la grandiosa altitud del conjunto no es menor que la contemplación de la suntuosidad de sus ornamentos interiores. Detrás del altar mayor, se encuentra el Cristo de las batallas del Cid Campeador.

Los versos de Víctor Hugo describieron con gran acierto el ambiente que se respiraba desde hacía siglos en sus bulliciosas calles: “Salamanca reposa, sonriente, sobre sus tres colinas / duerme al son de mandolinas / y se despierta sobresaltada con el griterío de sus estudiantes”, describía el poeta francés.

A pesar de la algarabía estudiantil que se percibe en el ambiente, es en las calles cercanas a la Universidad donde se respira la atmósfera que hace célebre a ciudad castellana.

La impresionante fachada, joya del plateresco, fue erigida por los Reyes Católicos y, delante, en el centro del patio, se eleva la estatua de Fray Luis de León, uno de los catedráticos más ilustres y poeta fundador de la prolífica escuela salmantina de poesía. En 1572, fue detenido por la inquisición y encarcelado en los calabozos del santo oficio en Valladolid por haber escrito una versión española del Cantar de los Cantares, que la inquisición prohibía traducir en lengua vulgar. Volvió triunfante cuatro años después a su cátedra. Todavía resuena en el aula su famoso “decíamos ayer…”

El museo universitario, situado al lado del rectorado, guarda los restos de un mural conocido como El cielo de Salamanca, en el que están representados planetas, astros y constelaciones del zodiaco.

Por la calle de Los Libreros se llega a la Casa de las Conchas, la obra civil más representativa del arte de la época de los Reyes Católicos. Fundada por el doctor Rodrigo Arias, regidor de Salamanca, su motivo ornamental ( 350 conchas, símbolo de la orden de San Jaime, a la que pertenecía el regidor) le dio el apellido popular. Edificio emblemático de la ciudad y muy querido por los salmantinos, hoy alberga la biblioteca pública del Estado. De aquí parte hacía el convento de la Dueñas, la calle de Jesús ( la antigua calle del Ataúd, “una calle estrecha y alta”, como cita Espronceda en El estudiante de Salamanca). Las leyendas trágicas surgen a cada paso que se da. Si el visitante prosigue su camino por la calle de la compañía llegará a la Casa de las Muertes, conocida así por una serie de muertes en circunstancias extrañas que llevaron a que este edificio no lo quisiera comprar nadie. Construida en el siglo XVI, es representativa del plateresco salmantino. Las calaveras de la fachada estuvieron mucho tiempo tapadas y, al descubrirse en la restauración llevada a cabo en 1963, la imaginación popular inventó la historia de espantosos crímenes ocurridos en el interior del palacio.

Qué ver

Declarada patrimonio de la humanidad por su catálogo de monumentos, la ciudad promete un completo recorrido por la historia del arte. A pesar de que destacan los edificios renacentistas, Salamanca cuenta con importantes obras románicas como la vieja Catedral. Del siglo XVI datan el Palacio Fonseca o Casa de la Salina y el de Monterrey, considerado la obra más representativa de la arquitectura renacentista española. El Palacio de Anaya, cuenta con una gran puerta con escalinatas. No hay que perderse tampoco el museo de arte Noveau, en la llamada Casa Lis, ejemplo de la arquitectura modernista; las colecciones de la Universidad; la Casa Museo de Unamuno, así como el museo de historia. En la ornamentada fachada plateresca de la Universidad, el visitante se entretendrá en buscar la rana (que en realidad es un sapo) que, según la tradición, da buena suerte al estudiante que la encuentra.

En cuanto a las fiestas populares, el Corpus Cristi y la festividad de San Juan de Sahagún, patrón de Salamanca, son dos de las celebraciones más solemnes. Así mismo, el Lunes de Aguas, el siguiente al de Pascua, se conmemora la tradición por la cual los estudiantes cruzan el río para llevar de vuelta a las prostitutas que durante la cuaresma se veían obligadas a abandonar la ciudad.

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