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Gran Meliá Salinas

El placer de la relajación

Los balnearios han vuelto a ponerse de moda. Sin embargo, su filosofía ha cambiado: han dejado de ser centros terapéuticos –como a finales del siglo XIX- para convertirse a demás en templos del ocio y del relax. Una auténtica alternativa vacacional que tiene en Galicia, fuente de innumerables manantiales mineromedicinales, su "tierra prometida".

Al hablar de balnearios, enseguida nos vienen a la memoria dos imágenes tópicas y contradictorias. Una positiva, muestra su aureola de romántico asilamiento de la realidad. Y la otra, menos agradecida, es la que identifica estos lugares como meros centros curativos "sometidos" a disciplinas espartanas.

Los balnearios tuvieron su época de mayor esplendor a finales del pasado siglo y principios del actual, pero la posguerra española enterró, como otras cosas, su "glamour". Sin embargo, en los albores del 2000, en plena era cibernética, han vuelto a brotar como sus inmortales aguas mineromedicinales. Y lo han hecho adaptándose a los tiempos modernos, sin renunciar a sus raíces pero con el reto de ofrecer soluciones a dos de los grandes "males" de nuestra modernidad: la celulitis y el estrés.

Este ha sido el espíritu que ha generado el nacimiento del acertadamente denominado "Turismo termal" que junto al rural, ha irrumpido con fuerza como saludable alternativa a la playa y la montaña tradicionales. Y además con una ventaja añadida: pueden disfrutarse en cualquier época del año ya que no están condicionados por la meteorología, pues han generado su propio microclima, que permite gozar de ellos en su interior... sin renunciar, ni mucho menos, al exterior que los enmarca.

Dentro de España, Galicia, sin olvidar Cataluña, se ha erigido por derecho propio como líder del Turismo Termal, no en vano, éste no es algo que pueda inventarse o crearse artificialmente, sino que surge del propio hábitat. Y Galicia, tierra privilegiada en cuanto a manantiales mineromedicinales, dispone de dieciséis hoteles-balnearios catalogados como tales. De ellos, dos brillan con luz propia por su categoría y solera: El Gran Hotel La Toja y el Tryp Mondáriz.

El Gran Hotel La Toja
Según cuenta en uno de sus escritos (fechado en 1909) la insigne escritora gallega Emilia Pardo Bazán, el curioso descubridor de las propiedades curativas de La Toja fue un asno enfermo y abandonado a su suerte, en esta isla, entonces desierta, de la ría de Arosa (Pontevedra). Pero lejos de morir el animal sanó. Y la Toja pasó de ser centro de peregrinación, como Santiago.

Se edificó allí un balneario justo frente a la Capilla de las Conchas, pero la falta de cuidados acabó deteriorándolo y originando su cierre. Sin embargo, La Toja no podía perder aquella fuente de riqueza curativa y en 1907 nacía el Gran Hotel La Toja que, con sucesivas mejoras, ha llegado a nuestros días convertido en verdadero "palacio del termalismo". Y es que este hotel de auténtico lujo, sin perder su esencia de balneario ni su función terapéutica, se ha adaptado a era actual convirtiéndose en un "Club Termal" al nivel de los mejores del mundo (Alemania, Suiza, Japón...). Un establecimiento pensado para el goce de unas auténticas "vacaciones de salud", para lo cual ofrece una variadísima gama de servicios en los que el agua es la protagonista, apoyada en los medios tecnológicos que ayudan a su correcta aplicación terapéutica.

Por si fuera poco, el entorno natural que rodea a este establecimiento multifuncional contribuye a crear el clímax propicio para el goce de la relajación en el más amplio sentido de la palabra. No en vano, El Gran hotel está situado frente a la península de O'Grove, considerada como el paraíso del marisco. Y es que el espectáculo visual que desde la terraza ofrecen los mariscadores laborando sobre la ría cuando baja la marea, cautivaría al mismísimo Visconti.

Hotel Balneario Tryp Mondáriz
Hablar de Mondáriz es referirse a un mito dentro del termalismo gallego, no en vano allí se creó en 1898, hace ya más de cien años, su buque insignia: El Balneario de Mondáriz, que dio origen a lo que hoy es el municipio más pequeño de España con apenas 700 habitantes. El político republicano Emilio Castelar definió a Mondáriz como "la Compostela del enfermo encontrada y ungida por la ciencia, cuyas aguas obran milagros de resurrección y de rejuvenecimiento".

Pero el auténtico "Alma mater" de Mondáriz, el descubridor de su principal manantial minerotermal, la fuente de Gándara, fue un Médico: Enrique Peinador Vela. A él se debe la construcción del antiguo Balneario. Un auténtico "palacio de las aguas" con 250 habitaciones, que fue punto de encuentro de personajes de la realeza, política, cultura y aristocracia de la época hasta el punto que el premio Nóbel Echegaray lo calificó de "Escorial gallego". Sin embargo, su esplendor entró en declive con la Guerra Civil y un fortuito incendio, en 1973, destruyó sus entrañas.

Pero Mondáriz Balneario resurgió de sus cenizas en 1994. Era un nuevo Gran Hotel (en el rehabilitado edificio de La Baranda) levantado casi frente al esqueleto del anterior, que se conserva como decorado natural y que volverá a cobrar vida tras el 2000, como es la gran ilusión de Roberto García, el joven y entusiasta director de Tryp Mondáriz. El privilegiado entrono natural de éste, en el corazón del Valle de Tea (Pontevedra) le augura la eternidad, alimentada por las milagrosas aguas de sus fuentes: Gándara y Troncoso. Equipado con las más modernas técnicas terapéuticas, aunque si perder sus señas de identidad curativas, el Tryp Mondáriz se apunta a la moderna propuesta del balneario como centro termal-lúdico para goce y disfrute de todos.

 
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